El Susurro: Entre pipas de contrabando y bodas estilo La Gaviota
En estas tierras donde el viento del norte trae el chisme antes de que la pipa cruce el puente, andan varios con el Jesús en la boca. Y es que, a veces, basta con que un testigo abra la boca en Texas para que en Tamaulipas empiecen a sudar los que juraban vivir en la pura austeridad.
El testigo que canta en Texas y el eco que retumba en Reynosa
Cuentan que del otro lado del río apareció un viejo conocido: Luis Ariel Rivera Rodríguez, mexicano de nacimiento y gringo de conveniencia, que para la Fiscalía de Estados Unidos responde al elegante nombre clave de Confidential Informant 1. Un señor que —según los papeles del juicio— presumía conocer los entresijos del huachicol a los dos lados de la frontera como quien conoce su cochera. Y cómo no, si lleva dos décadas en el mismo giro: primero con el Cartel del Golfo, luego con Los Zetas y ahora, dicen, de la mano del CJNG. El hombre no cambia de negocio, nomás de patrón.
Los numeritos que soltó CI-1 quitan el sueño: cerca de 4 mil cargamentos de crudo y unos 300 milloncitos de dólares entre 2018 y 2025, con pipas cruzando por Matamoros a razón de 80 mil dólares el pase. El producto salía disfrazado en la aduana de “aceite lubricante usado” —qué imaginación— y del otro lado lo esperaban unos empresarios texanos, los Jensen, hoy sentados en el banquillo por contrabando y hasta por financiar terroristas. Vaya menú.
Pero el susurro que aquí retumba no es el de Dallas, sino el de Reynosa. Porque murmuran en los pasillos que la agenda comercial del viejo lobo tenía capítulos muy locales, y que más de un cuadro de la 4T tamaulipeca duerme mal desde que el testigo empezó a cantar. En particular se menciona a una diputada morenista de Reynosa, cuya relación de negocios con ese entramado habría sido de las más… aceitadas, nunca mejor dicho. La diputada es la misma a la que estos días ya la traían cuesta arriba en las redes, luego de que un primo suyo saliera en video sacando la pistola en un estacionamiento por un reclamo de doble fila. Él jura que las imágenes son “inteligencia artificial” y la prima en corto le dio una patada al apellido y pidió que castigaran a quien se le compruebe sus delitos… uff, hasta a mí me dolió. Así, entre un testigo que canta y un familiar de gatillo alegre, el apellido que tanto pesa empieza a pesarle a su dueña en su sueño guajiro de dirigir Reynosa, que jura también viene en sus prescripciones.
La cena de gala donde la austeridad llegó de etiqueta
Y mientras unos rezan para que el soplón no siga soplando, otros andaban de plano de manteles largos. Cuentan los que colaron la lista que hace poco hubo boda de las peñanietonas —de esas con convocatoria de estado y despliegue de medio gabinete— en honor de la proveedora estrella que amuebló y equipó varios pisos de la mismísima Torre de Gobierno. La empresa tiene nombre de aceite fino, y como el aceite, ya lo saben, siempre flota.
El convite, dicen, fue de telenovela de horario estelar: puro ambiente estilo “La Gaviota”, y en las mesas… medio directorio del poder tamaulipeco. Entre copa y copa se habrían dejado ver Ninfa, Karl y Walter —de los secretarios que a una buena causa nunca faltan—, y por supuesto Olga Sosa, la senadora más productiva de la galaxia, esa que presenta iniciativas por costales aunque no le aprueben ni una. A su alrededor, subsecretarios, un auditor de esos que auditan mejor entre copas, exsecretarias y toda la corte. Si la austeridad republicana existiera, esa noche llegó de esmoquin y se fue en valet parking.
Lo sabroso no es la fiesta —cada quien celebra como puede—, sino el detalle: la homenajeada no es una invitada cualquiera, sino la que le vende al gobierno que la aplaude. En el discurso se predica el peso contado y el moche perseguido; en la práctica, se le hace pasillo de honor a la contratista consentida. Ojo, que cuando el que reparte los contratos y la que los recibe brindan con el mismo champán, la licitación deja de ser trámite y se vuelve brindis.
Y es que en Tamaulipas el combustible se roba en pipas y la austeridad se derrama en copas, pero al final la cuenta la paga el de siempre: usted, que lee. Que un testigo cante en Texas o que la Torre baile con su proveedora son las dos caras del mismo billete, ese que se hace en lo oscurito y se presume a plena luz. Y créanme, tarde o temprano el runrún se vuelve ventarrón… y a los que hoy brindan, mañana los agarra el susurro con la copa en la mano. ¡’Amonos!

