El Susurro: el combustible de los que se estacionan sin límite de tiempo
Aceites, amistades y otros combustibles
En la carretera a Monterrey hay una gasolinera que hasta hace poco presumía cercanía con el Team Chilango que comanda Norbertito desde la Casona de la avenida Tamaulipas. Pero en ese mundo, la amistad dura lo que dura el negocio… y el surtidor dejó de ser amigo cuando la cuenta dejó de cuadrar.
El proveedor, encargado de surtir todo el diésel de Seguridad Pública, era pieza clave del engranaje. Amigo de Betito, amigo de López Portillo, amigo del Dr Warrior, amigo de todos mientras el flujo era terso. Hasta que no lo fue. La pelea —dicen— no fue por litros, sino por lana. Y cuando el dinero se atraviesa, los abrazos se vuelven facturas pendientes.
El rompimiento llega en mal momento. Urge un nuevo proveedor, porque viene un mar de recursos para la Guardia Estatal y nadie quiere que las patrullas —ni las otras máquinas del negocio— se queden sin combustible. Mucho menos cuando también están en juego las Black Mambas, las blindadas y todo lo que huela a “aceites”.
Con la reestructura de la estrategia de seguridad, los más contentos no son los policías, sino el Team Chilango, que lleva años con contratos en Seguridad Pública y hoy mira el panorama como quien observa un amanecer desde balcón privado. Chalecos antibalas, diésel, equipamiento… cada quien con su especialidad.
Y si de especialidades hablamos, Norbertito es quien mejor conoce el mundo de los hidrocarburos. No por casualidad: desde que se volvió enlace del fallecido Carmona entendió que en ese negocio el poder no está en el combustible, sino en quién controla la llave, pero eso lo contaremos a detalle en otra entrega.
Por ahora, lo cierto es que en Tamaulipas la seguridad cambia, las patrullas cambian, los contratos cambian… Lo único que no cambia es que el diésel siempre encuentra proveedor. Y proveedor nuevo … y más rápido.
El apoderado, el alcalde y la concesión que nunca muere
En Victoria todos discuten los parquímetros, pero nadie menciona lo esencial: la concesión sigue viva porque conviene que siga viva. Victoria Meters opera con prórroga, sin licitación y sin equipos nuevos, mientras el Cabildo finge que “analiza” opciones. Y cuando un contrato se estira tanto, casi siempre es porque alguien sostiene la cuerda.
Ese alguien no es solo la empresa. Es quién firma por ella. El apoderado legal -aunque dicen los que saben que mas que apoderado es el mero mero- es el potosino Enrique Salomón Rosas Ramírez, recordado en Tamaulipas por su paso como delegado del CEN del PRI justo cuando se otorgó la concesión original en tiempos del tarugo Diez Gutiérrez. Hoy, con sorprendente flexibilidad cromática, es militante distinguido de Morena y operador en el equipo de Marcelo Ebrard. Los colores cambian; las redes, no.
Y en medio de ese tablero aparece Lalo Gattas, alcalde de Ciudad Victoria. Priista en los tiempos de Salomón —como casi toda la 4T tamaulipeca—, hoy gobierna un municipio donde la concesión de parquímetros se mantiene viva por inercia… o por conveniencia. Bajo su administración, la empresa sigue multando, cobrando y operando como si la licitación no existiera. Y quizá no existe porque a nadie le urge que exista.
En Victoria, los parquímetros no dependen de tecnología ni de movilidad mucho menos de proveer al gobierno de recursos para infraestructura vial. Dependen de quién sostiene la firma… y de quién sostiene al que firma. Y por eso los firmanes nunca se estacionan del todo.

