El Susurro: De las cuotas en las encuestas al peaje en las banquetas

By Published On: mayo 7, 2026

El “galán” de las encuestas

En los pasillos de la política tamaulipeca, el nombre de Rómulo Pérez se pronuncia con una mezcla de envidia y desconfianza. El Secretario de Enlace Legislativo y Presidente del Consejo Estatal de Morena ha perfeccionado el arte de “caer parado”, pasando de subsistir con un depósito de cerveza a ser el gran elector de la capital. Pero no se equivoquen, su poder no emana de una base social, sino del control casi absoluto que ejerce sobre los mecanismos internos del partido.

Se dice que Rómulo tiene la mano metida hasta el fondo en el manejo de las encuestas que comenzarán entre mayo y junio. Los susurros aseguran que, en su mesa, el destino político de muchos se decide con la misma frialdad con la que se despacha una mercancía: si eres de su agrado —o si el “estímulo” económico es suficiente— te sube al podio; si no, te borra del mapa electoral antes de que siquiera puedas decir “transformación”. Es un juego donde la única versión que llega a oídos del gobernador es la que él y su grupo deciden filtrar.

Pero el verdadero negocio de Rómulo no está solo en las boletas, sino en los despachos externos. Los rumores apuntan a un esquema de acuerdos en diversos municipios, empezando por los de las “divas” de la AVAnzada. La jugada es maestra: el apoyo a las candidaturas pasadas se cobró mediante la imposición de despachos externos encargados de “asesorar” a los tesoreros municipales en lugares como Soto la Marina, San Fernando y Díaz Ordaz. Este esquema, evolución de las asesorías “patito” que operaba con su padre, le ha permitido tejer una red de financiamiento y control conocida como la “avanzada romuleña”. Mientras aspira a gobernar Victoria, sus operadores cobran en tesorerías ajenas, permitiendo que el antiguo dueño del “depo” hoy se estrene como milloneta con nueva pareja y una seguridad que solo da el saber que, en Tamaulipas, quien controla la llave del presupuesto y la de las encuestas, lo controla todo.

El potosino que se adueñó de las banquetas

Y si de exprimir el bolsillo ajeno se trata, mientras Rómulo cobra sus cuotas en los pasillos políticos, hay quienes prefieren cobrar el peaje directamente en la calle. En Ciudad Victoria, estacionarse se ha vuelto un deporte de alto riesgo para la cartera, donde el único que siempre gana por “default” es un barril sin fondo que no conoce de transparencia. La historia de los parquímetros no es de movilidad, sino de un contrato leonino amarrado con “mala leche” que tiene hoy a 360 mil victorenses contra las cuerdas.

El artífice de este nudo es el potosino Enrique Salomón Rosas Ramírez, recordado por su paso como delegado del CEN del PRI justo cuando se otorgó la concesión original en tiempos de Arturo Diez Gutiérrez. Cuentan que el “tarugo” no tuvo los arrestos para enfrentar a quien lo hizo alcalde bajo la bendición del hoy ex presidiario Eugenio Hernández Flores, quien entregó este negocio donde la empresa se lleva el 60% del botín.

Salomón Rosas, fiel al manual del priista marullero, supo mutar de piel: hoy es militante de Morena y opera en el equipo de Marcelo Ebrard. Incluso se dio el lujo de meter a su hijo, Luis Emilio Rosas Montiel, como diputado local en San Luis Potosí; un mozalbete del que se recuerdan grandes excesos de juventud cuando el manto del “Geño” protegía a la clica de varo, y que hoy ocupa una curul sin poder hilar dos palabras seguidas.

Lo más indignante es que Victoria Meters opera en una dimensión desconocida: nadie sabe cuánto recaudan ni si facturan realmente. Entrar a sus oficinas es viajar a 1980; un escenario estancado con tecnología del “año del caldo”. A pesar de la molestia social, el equipo jurídico de la administración capitalina no ha logrado desamarrar este nudo legal para mandar a este clan de regreso a la Huasteca. Mientras tanto, el potosino busca adueñarse de Morena en su tierra, financiado presuntamente por la lana que succiona de las banquetas victorenses ante una ciudadanía que sigue pagando por un servicio que no le devuelve ni un gramo de beneficio.

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