De vencidas familiares y verdes de aparador
El rector que estira la liga y las manoplas de plomo
Dicen en los pasillos de la capital que al rector de la UAT, Dámaso Anaya, le dio por jugarle las vencidas a las estructuras del poder. Pero para entender el tamaño del descaro, hay que recordar cómo se mueven las aguas desde la pasada elección de gobernador. En ese entonces, el famoso médico que operaba en campaña terminó entambado por órdenes del mentado “Ingeniero”, o como le dicen los cuates, El Truko. Lo cómico del asunto es que el inge después anduvo de oficioso fingiendo que, gracias a sus buenos oficios, fue él y solo él quien le sacó el “sí” al Cabezón para que soltaran al médico, dándoles atole con el dedo a todos con su falsa magnanimidad. Pero bueno, ese chisme de alta escuela y más joyas del Trukutru nos los guardamos para otra entrega; lo que hoy sirve recordar es que, gracias a ese “enorme sacrificio”, las acciones del médico chapatín se tasaron alto en el círculo del nuevo poder.
Pero hoy las cosas se pusieron color de hormiga porque el famoso primo, el médico tumba garrapatas que probó la prisión —aunque fueran solo horas en la fiscalía—, se le bajó del barco al clan familiar. Cansado de la pasividad, según dice en cortito, se alineó descaradamente con Carmen Lilia, intentando armar un bloque regional que le aguante el tirón y le juegue las vencidas al “team huachicol” comandado por Olga Sosa y el JR. Mientras tanto, lo de Maki en Reynosa sigue igual de calculado: la jefa juega en solitario, tirando pedradas desde su balcón fronterizo y esperando pacientemente a que los dos bandos se desangren en el lodo para pasar a recoger los restos del botín. El problema es que el ruedo se está llenando de espinas y los aliados de ocasión ya no saben para dónde correr cuando truena el cielo de la frontera.
Atrapado en medio de este desorden, El Doctor, o mejor dicho quien verdaderamente manda en estos lares, ya se puso las manoplas de plomo para cobrarse ahora sí, de una vez por todas, las traiciones. Y es que en la Casona del 8 la memoria no falla y no se olvida el lejano 2020, cuando le bajaron del equipo a aquel particular que mandó expresamente a organizar aquella minibancada de la legislatura 64 en el Congreso local. Si en ese entonces se la pasaron, ahora que le han osado los Canturosas en tumbarle a un “primo”, la respuesta va a ser de puros tragos amargos; porque no, las cosas no se van a quedar así. El aire se está poniendo muy pesado en Victoria y cuando el que verdaderamente manda aprieta el puño, los susurros de pasillo se convierten en puros gritos de auxilio. ¡’Amonos!
Labia regiomontana, títulos “patito” y alergia a la marea verde
Ahora vamos por el rumbo de los pasillos del Congreso, donde todavía se siente el eco de los pasos de Karl Heinz Becker tras su reciente comparecencia. El mentado “Beckembauer” salió muy muy a su rueda de prensa, derrochando esa cara bonita y esa labia derrite-féminas con la que intenta venderse en la capital como una versión recargada y corregida del expresidiario Eugenio Hernández. Pero en Victoria la grilla no se traga el anzuelo con una simple sonrisa ensayada; detrás del discurso pulido y los ademanes estudiados, el nuevo niño bonito de la política dejó flotando más sospechas que respuestas claras ante unos diputados que se quedaron esperando números reales en lugar de puros desplantes de galán de telenovela. Gracias a los dolores de cabeza que sufrió la familia en el pasado y al buen trato con el mini-rey del nuevo poder, su arribo a la estructura en este sexenio se dio suave y bondadoso, pero el encanto se le está rompiendo más rápido de lo que tardó en acomodarse el peinado.
Lo verdaderamente cómico de esta puesta en escena es el enorme abismo que hay entre el empaque y la etiqueta de este personaje. Porque mientras el muchacho presume vivir y respirar los aires exclusivos de Monterrey, la gente en la capital se sigue preguntando por qué su flamante título profesional proviene de una de esas universidades estilo Chavira que nadie conoce en el verdadero mapa académico; es más, en una de esas nos sale con que es Doctor Honoris Causa por la Universidad del Puente del Río Corona y Claustro de las Carnitas o algo así. Ya conocemos lo afines que son los cuatroteros tamaulipecos —tanto los prietos como los verdes— a esas instituciones que, como ya se ha escuchado, son famosas por repartir documentos con muchísimo más entusiasmo financiero que rigor educativo. Al final del día, el título de papelón no logra tapar el tufo a improvisación que arrastra su gestión, por más que intenta camuflarlo con trajes hechos a la medida y desplantes de redentor de los ecosistemas.
Pero el verdadero runrún de la semana revela que este espécimen resultó ser un auténtico verde de mentiras. Resulta que el vato simplemente no quiso estar con sus compañeros en la pasarela principal frente a la presidenta nacional de los del tucán, Karen Castrejón. Flojito y cooperando, el niño bonito aceptó la sutil pero fulminante negativa a sudar la camiseta junto a la verdadera militancia en el evento machuchón que organizó el clan de los Ortiz Peña allá en Reynosa. Pero que no se confíe el Licenciado en Administración de Tiraderos Clandestinos; en el Tamaulipas actual, el que le saca la vuelta a la foto con los jefes termina perdiendo la bendición por mucho informe de saliva que presente.
Por cierto, no le compren el cuento a tanto funcionario espantado que jura saber quién les receta estas sabrosas infamias. Al club que conecta cables y amarra pasillos nomás lo conoce la mera güerca; esa que le desacomoda el eje a medio gabinete y los hace sudar frío en cuanto asoma la libreta en las ruedas de prensa así que amárrense bien antes de que el susurro se les vuelva ventarrón y los termine revolcando con todo y chivas. ¡Órale!

