Tragedia ferroviaria en Córdoba: el peor accidente de alta velocidad en 15 años
Adamuz, Córdoba. España amaneció de luto tras el descarrilamiento y choque de dos trenes de alta velocidad ocurrido la tarde del domingo 18 de enero en el municipio cordobés de Adamuz. El siniestro dejó al menos 39 muertos y más de 70 heridos, convirtiéndose en el accidente ferroviario más grave desde Santiago de Compostela en 2013.
El choque
De acuerdo con los primeros reportes, un tren de la compañía privada Iryo, que cubría la ruta Málaga–Madrid, perdió la estabilidad en sus últimos vagones y se salió de la vía. En ese momento circulaba en sentido contrario un convoy Alvia de Renfe, que cubría el trayecto Madrid–Huelva. La colisión fue inevitable y devastadora: varios vagones quedaron destruidos y decenas de pasajeros atrapados.
Víctimas y rescate
En el tren de Iryo viajaban cerca de 300 pasajeros. Los equipos de emergencia trabajaron durante horas para rescatar a los sobrevivientes y trasladar a los heridos a hospitales de la región. El balance oficial habla de 73 lesionados, de los cuales 24 permanecen en estado grave.
Reacciones oficiales
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, decretó luto nacional y expresó su solidaridad con las familias de las víctimas. El Ministerio de Transporte calificó el accidente como “tremendamente extraño”, ya que ocurrió en un tramo recto y recientemente renovado. La empresa Iryo informó que el tren había pasado su última revisión apenas tres días antes del siniestro.
Un accidente con implicaciones políticas
El choque ocurre en un momento clave: es el primer gran siniestro desde la liberalización de las líneas de alta velocidad en España, que permitió la entrada de operadores privados como Iryo en competencia con Renfe. La tragedia abre un debate sobre la seguridad ferroviaria, la supervisión de las concesiones y la responsabilidad institucional en un sector que se promocionaba como modelo de modernización.
Preguntas abiertas
Las investigaciones deberán esclarecer si hubo fallos técnicos, errores humanos o deficiencias en la infraestructura. Lo cierto es que el accidente pone en entredicho la narrativa de éxito de la alta velocidad española y obliga a revisar protocolos de seguridad y auditorías en un sistema que, hasta ahora, presumía de fiabilidad.

