Petro y Trump rebajan la tensión tras una cumbre de “Contradictores” sin acuerdos concretos
Tras meses de una escalada verbal que rozó la ruptura diplomática y en medio de un clima de incertidumbre electoral en Colombia, los presidentes Gustavo Petro y Donald Trump protagonizaron este martes un inesperado deshielo en la Casa Blanca, transformando lo que se anticipaba como un choque de trenes en una cumbre de pragmatismo político.
La reunión, que se extendió por casi dos horas a puerta cerrada en el Despacho Oval, marcó un punto de inflexión radical respecto a la retórica hostil de las últimas semanas, donde Trump había calificado a Petro de “narcotraficante” y sugerido una intervención militar, mientras Washington revocaba el visado del mandatario colombiano y lo incluía en la lista de sanciones de la OFAC tras sus polémicas declaraciones en Nueva York sobre el conflicto en Gaza.
Sin embargo, las imágenes oficiales mostraron a ambos líderes sonrientes e intercambiando notas con mensajes personales como “Amo a Colombia” y “Eres genial”, gestos que Petro capitalizó de inmediato para desactivar las críticas de la oposición colombiana que lo acusaba de dinamitar la alianza estratégica con EE.UU. justo antes de las elecciones presidenciales de mayo, donde su delfín político, Iván Cepeda, se juega la continuidad del proyecto izquierdista.
Pese a la cordialidad escenificada y la declaración de Trump de que “no se sintió insultado”, el encuentro concluyó sin acuerdos tangibles ni comunicados conjuntos que resuelvan los problemas estructurales de la relación bilateral. Si bien Petro aseguró que Trump mostró escepticismo sobre la utilidad de las sanciones y escuchó su tesis de que los verdaderos capos del narcotráfico operan desde Dubái o Miami y no en la selva colombiana, no hubo un compromiso explícito para levantar la “descertificación” que Estados Unidos impuso a Colombia en 2025 por el aumento récord de cultivos de coca, ni para retirar las sanciones personales que pesan sobre el presidente.
En el frente regional, se discutió la reactivación económica de Venezuela con apoyo colombiano, pero sin anunciar cambios en la política de “máxima presión” de Washington hacia Caracas. Al final, Petro abandonó Washington con una victoria simbólica crucial: normalizar el diálogo con un “contradictor” ideológico y demostrar que la relación bilateral sobrevive a las tormentas políticas, aunque las peticiones de fondo, como la desclasificación de archivos de la CIA sobre el asesinato de Gaitán o el Palacio de Justicia, quedaron, por ahora, en el aire de las promesas diplomáticas.

