De escuela a la cárcel: el caso de Elizabeth
A las 6:10 de la mañana, cuando las calles de Minnesota aún estaban cubiertas por la nieve y la oscuridad, Elizabeth Zuna Caisaguano, una niña de 10 años que sueña con ser médica, subió al auto de su madre rumbo a la parada del autobús escolar como cualquier otro día.
Minutos después, su rutina se convirtió en una pesadilla: agentes federales rodearon el vehículo familiar y, en medio de la confusión, la pequeña llamó a su padre, Luis Zuna, para decirle con inocencia: “ICE me va a llevar a la escuela”.
Esa fue la última comunicación antes de que ambas fueran subidas a un avión y trasladadas a 1,900 kilómetros de distancia, al Centro Residencial Familiar del Sur de Texas, en Dilley.
Este caso es solo uno de los rostros visibles de la “Operación Metro Surge”, la agresiva estrategia migratoria de la administración Trump en Minnesota que ha desatado una ola de indignación por su impacto directo en menores de edad.
Según Kristen Stuenkel, portavoz del distrito escolar de Columbia Heights, al menos otros cinco estudiantes han sido transportados al mismo centro de detención en las últimas semanas, incluyendo a dos hermanos que descubrieron a una compañera de quinto grado en la cafetería del recinto, una niña cuyo paradero era desconocido para su escuela desde el 9 de enero.
Mientras el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) insiste en que “ICE no tiene como objetivo a los niños ni a las escuelas” y justifica las detenciones bajo protocolos que buscan “mantener a las familias unidas” ante órdenes de deportación previas, la realidad en el terreno narra una historia de trauma y caos. Luis Zuna pasó horas desesperadas buscando a su hija en la Escuela Primaria Highland, donde la secretaria Carolina Gutiérrez lo vio llorar desconsoladamente en su auto al enterarse de que Elizabeth no llegaría.
La comunidad escolar denuncia un estado de sitio: vehículos de ICE siguiendo autobuses, rondando estacionamientos y deteniendo a adolescentes con pasaporte estadounidense camino a clases. Aunque Elizabeth y su madre fueron liberadas este jueves tras un mes de encierro y ya se encuentran de regreso en Minnesota mientras continúa su apelación de asilo, la trabajadora social Tracy Xiong advierte que el daño psicológico es profundo y lanza un llamado urgente: “Los niños pertenecen a la escuela, no a centros de detención; ninguna niña debería desaparecer de camino a clases”.

