Cambio de rumbo en la Casa Blanca Trump retira a su comandante "duro" y envía a Tom Homan tras la crisis por el asesinato de Alex Pretti en Minneapolis.
La estrategia de “negar y atacar” que caracterizó los primeros días de la respuesta del gobierno de Donald Trump al tiroteo mortal de Alex Pretti en Minneapolis se ha desmoronado en menos de 72 horas, dando paso a una reconfiguración urgente de su operación migratoria ante la creciente indignación nacional.
Lo que comenzó el sábado como una defensa férrea de los agentes federales y la criminalización de la víctima —un enfermero de 37 años y ciudadano estadounidense— se transformó este lunes en un reconocimiento tácito de que la narrativa oficial era insostenible frente a la evidencia visual y el rechazo público.
En un movimiento inesperado que busca contener el daño político, medios estadounidenses como CBS News y The Guardian confirmaron hoy que Gregory Bovino, el polémico comandante de la Patrulla Fronteriza conocido por sus tácticas agresivas y declaraciones incendiarias, abandonará Minneapolis junto con un contingente de sus agentes.
Su salida marca un giro drástico en la gestión de la crisis, cediendo el mando operativo a Tom Homan, el “zar de la frontera”, quien ha sido enviado personalmente por Trump con la misión de imponer un liderazgo “duro pero justo” y reportar directamente a la Oficina Oval, saltándose la cadena de mando habitual que incluye a la Secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, cuya retórica ha sido duramente criticada incluso por miembros de su propio partido.
El detonante de este cambio de estrategia fue la rápida difusión de videos en redes sociales que contradijeron flagrantemente la versión inicial del gobierno. Mientras que funcionarios como Noem y el asesor Stephen Miller describieron a Pretti como un “aspirante a asesino” y un “terrorista” que buscaba masacrar a las fuerzas del orden, las imágenes mostraron a un hombre que grababa con su celular, ayudaba a una mujer empujada por agentes y que, crucialmente, no portaba un arma en las manos al momento de ser abatido, a pesar de ser un propietario legal de armas con permiso de portación oculta.
La desconexión entre el discurso de la Casa Blanca y lo que los estadounidenses podían ver con sus propios ojos forzó a la secretaria de prensa, Karoline Leavitt, a moderar el tono este lunes, evitando respaldar las acusaciones de terrorismo y prometiendo una “investigación completa”, un contraste abismal con la postura adoptada semanas atrás tras la muerte de Renee Good, otra residente abatida por el ICE. La presión no solo viene de las calles, donde las protestas se intensifican, sino también de los pasillos del poder en Washington: los demócratas han amenazado con bloquear el presupuesto y provocar un cierre de gobierno este viernes si no se establecen controles reales sobre el ICE, mientras que republicanos y gobernadores como Phil Scott han calificado la operación federal en Minnesota como un “fracaso total” de coordinación y liderazgo.
En medio de este “polvorín”, como lo describió el fiscal general adjunto Todd Blanche, Trump ha optado por la distensión política directa. El presidente reveló haber tenido llamadas “muy productivas” tanto con el gobernador demócrata Tim Walz como con el alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, personajes con los que había mantenido una guerra verbal constante. “Parecíamos estar en la misma onda”, escribió Trump en Truth Social, sugiriendo un repliegue táctico que, aunque no implica el fin de las deportaciones masivas, sí busca cambiar la cara pública de la operación.
La llegada de Homan, un veterano de la administración Obama visto como un operador más pragmático que el ideológico Bovino, intenta calmar las aguas en un estado donde el 61% de los encuestados considera que el ICE está siendo “demasiado duro”. Sin embargo, la desconfianza persiste: el fiscal general de Minnesota, Keith Ellison, advirtió que aunque no descarta que prevalezcan las “mentes razonables”, la situación actual es producto de posiciones federales irracionales. Con el reloj corriendo hacia un posible cierre gubernamental y la opinión pública cada vez más escéptica sobre la “ley y el orden” de Trump, el presidente se juega mucho más que una operación local; está en juego la viabilidad política de su agenda migratoria central.

