México, muro para 700 mil venezolanos bajo el régimen de Maduro
El país se ha transformado en un cuello de botella migratorio; autoridades mexicanas reportan cifras récord de detenciones.
Desde que Nicolás Maduro asumió la presidencia de Venezuela en 2013, el flujo migratorio de ciudadanos venezolanos hacia Estados Unidos ha tenido un paso obligado por México. En este lapso, más de 700 mil personas han sido detenidas por autoridades migratorias mexicanas, reflejando la magnitud del éxodo provocado por la crisis política y económica en la nación sudamericana.
El fenómeno se intensificó entre 2022 y 2024, años en los que se concentró el 97% de las detenciones. Tan solo en 2024 se alcanzó un récord de 361 mil detenciones, coincidiendo con las elecciones presidenciales en Venezuela, cuestionadas por la oposición y observadores internacionales. En contraste, en 2025 las cifras cayeron drásticamente a poco más de 20 mil, debido al endurecimiento de las políticas migratorias en Estados Unidos bajo la administración de Donald Trump.
Migrantes venezolanos relatan que México se ha convertido en un territorio de tránsito prolongado y riesgoso, donde enfrentan detenciones, extorsiones y deportaciones. Historias recogidas en puntos como Huehuetoca, Estado de México, muestran que detrás de las cifras hay trayectos marcados por violencia, pérdida y desesperación.
El Instituto Nacional de Migración (INM) y la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) han reconocido la magnitud del reto, aunque la información sobre solicitudes de asilo permanece incompleta. Organizaciones civiles advierten que México pasó de ser un país de tránsito marginal a convertirse en un cuello de botella migratorio, donde se concentran los efectos de crisis originadas a miles de kilómetros al sur.
Analistas señalan que el boom migratorio responde a una combinación de factores: elecciones cuestionadas, represión política, inhabilitación de líderes opositores y un colapso económico que pulverizó salarios y pensiones en Venezuela. A ello se suma el peligroso cruce por el Tapón del Darién, que ha empujado a más familias a buscar rutas hacia el norte, con México como principal obstáculo.
La situación plantea un desafío para las autoridades mexicanas, que deben equilibrar el control migratorio con la atención humanitaria, en un contexto regional marcado por la presión de Estados Unidos y la persistente crisis venezolana.

