Maestros respaldan protesta de Marx Arriaga
El exfuncionario y artífice de los libros de texto gratuitos encabezó la toma de instalaciones en el Centro Histórico, denunciando que la actual administración busca suavizar la Nueva Escuela Mexicana.
La tensión al interior del sector educativo estalló este domingo luego de que Marx Arriaga Navarro, figura clave en el diseño de los contenidos escolares del sexenio pasado, tomara simbólicamente las oficinas centrales de la Secretaría de Educación Pública (SEP). Acompañado de un grupo de docentes y pedagogos afines a su corriente ideológica, el exdirector de Materiales Educativos se instaló en el recinto de la calle República de Brasil para anunciar el inicio de una “Jornada Nacional de Resistencia” en defensa de los libros de texto.
A través de una transmisión en redes sociales realizada desde el interior del inmueble, Arriaga acusó a las actuales autoridades educativas de pretender desmantelar los avances de la Nueva Escuela Mexicana. Según sus declaraciones, existe un plan silencioso para modificar los planes de estudio y reintroducir conceptos neoliberales en los materiales que se distribuirán en el próximo ciclo escolar 2026-2027, bajo el argumento de una “revisión técnica” y de conciliación con sectores conservadores.
El acto de protesta ocurre en un momento delicado para la secretaría, que ha intentado mantener un equilibrio entre la continuidad del proyecto de la Cuarta Transformación y la necesidad de limar asperezas con grupos de padres de familia y expertos que cuestionaron la carga ideológica de los textos anteriores. Arriaga calificó esta postura moderada como una claudicación ante los poderes fácticos y llamó al magisterio disidente, especialmente a las secciones de la CNTE, a movilizarse para impedir lo que denominó un retroceso histórico en la educación humanista.
Hasta el momento, la titularidad de la SEP no ha emitido un posicionamiento oficial sobre la ocupación de las oficinas ni sobre las acusaciones vertidas por el exfuncionario. Sin embargo, fuentes internas de la dependencia señalan que se ha privilegiado el diálogo para evitar un desalojo por la fuerza pública, aunque advierten que no cederán a presiones políticas que pongan en riesgo la gobernabilidad del sistema educativo nacional.
Este cisma hace pública la disputa entre el ala radical que defendió la reforma educativa del sexenio anterior y los nuevos cuadros técnicos que buscan imprimir un sello propio a la política educativa actual. Mientras Arriaga y sus simpatizantes mantienen la toma del edificio, en las afueras comienzan a congregarse maestros que respaldan su llamado, anticipando una semana de protestas que podría complicar la agenda legislativa y administrativa del gobierno federal en materia de educación.

