Línea 3 en crisis: gobierno admite deterioro
La administración capitalina reconoció oficialmente el desgaste crítico en la infraestructura del corredor Indios Verdes-Universidad, anticipando la necesidad de una intervención mayor para evitar un colapso operativo.
Tras meses de fallas intermitentes y reportes ciudadanos sobre el mal estado de las instalaciones, el gobierno de la Ciudad de México emitió un diagnóstico concluyente sobre la Línea 3 del Sistema de Transporte Colectivo (STC) Metro. Las autoridades confirmaron que el desgaste en este ramal ha superado los márgenes de mantenimiento rutinario, adentrándose en una fase de obsolescencia técnica que compromete tanto la eficiencia del servicio como la seguridad estructural de la ruta.
El reconocimiento oficial detalla que los sistemas electromecánicos, las vías y el equipamiento de pilotaje automático presentan un deterioro severo, consecuencia directa de décadas de operación ininterrumpida sin una modernización integral. Esta ruta, inaugurada en sus primeros tramos a finales de la década de 1970, opera actualmente con tecnología superada y componentes cuyas refacciones ya no se fabrican en el mercado internacional, lo que obliga a los ingenieros del sistema a recurrir a soluciones temporales para mantener los trenes en circulación.
La admisión del deterioro llega en un momento de alta presión pública. La Línea 3 es una de las arterias más saturadas de la red, movilizando a cientos de miles de usuarios diariamente desde el norte hasta el sur de la capital. Las deficiencias estructurales se han traducido en una constante degradación del servicio: conatos de incendio por cortocircuitos en las vías, separación de vagones, paros prolongados en los túneles y evacuaciones de emergencia que trastocan la dinámica urbana.
El informe gubernamental subraya que el asentamiento diferencial del subsuelo en la capital también ha deformado gradualmente la geometría de los rieles en diversos tramos de la línea. Esta deformación obliga a los operadores a reducir drásticamente la velocidad de los convoyes por protocolo de seguridad, lo que explica el aletargamiento de los traslados y la aglomeración crítica en los andenes durante las horas pico.
Frente a este escenario, la autoridad central ha comenzado a perfilar un plan de rescate profundo, similar al ejecutado en la Línea 1. Sin embargo, la intervención de la Línea 3 representa un reto logístico de proporciones monumentales. Las mesas técnicas del STC Metro evalúan actualmente los alcances financieros y el calendario de un proyecto que requerirá la sustitución total del balasto, la renovación del cableado de alta tensión y la actualización de los centros de control de tráfico.
Aunque aún no se ha emitido una fecha definitiva para el inicio de las obras, la declaratoria de deterioro prepara el terreno político y social para un inminente cierre escalonado de estaciones. El gobierno enfrenta ahora el desafío de garantizar una red de transporte alterno capaz de absorber la masiva demanda de pasajeros que quedará a la deriva durante los trabajos de rehabilitación, buscando mitigar el impacto económico y de movilidad que supondrá paralizar una de las columnas vertebrales de la ciudad.

