Hambre global: un desafío que se extiende más allá del 2030
El más reciente Índice Global del Hambre (GHI) 2025 expone un panorama preocupante: pese a los compromisos internacionales, el mundo no logrará erradicar el hambre en 2030, como lo establecen los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU. Según el informe, al ritmo actual, la meta se alcanzaría hasta el año 2137, más de un siglo después de lo previsto.
El estudio, elaborado por Alliance2015 junto con el IFHV, señala que el hambre se mantiene en niveles “alarmantes” en siete países y “graves” en 35. En 27 naciones la situación ha empeorado desde 2016 y en otras diez se ha detenido el progreso. En América Latina, la reducción ha sido mínima: la puntuación regional pasó de 13.2 en el año 2000 a 7.9 en 2025, lo que refleja un estancamiento en los avances.
El informe identifica dos motores principales de la inseguridad alimentaria:
- Conflictos armados: En 2024, guerras como las de Gaza y Sudán duplicaron las crisis alimentarias, afectando a más de 140 millones de personas. Oxfam estima que entre 7,000 y 21,000 personas mueren cada día por hambre en países en conflicto.
- Cambio climático: El año 2024 fue el más caluroso registrado, con temperaturas 1.5 °C por encima de niveles preindustriales. Sequías e inundaciones han reducido hasta en 50 % la producción de cereales en África meridional, mientras se prevé que entre 2025 y 2029 se rompan nuevos récords de calor.
América Latina: contrastes y desigualdades
La región enfrenta un escenario desigual. En Guatemala, el 45 % de los niños menores de cinco años presenta retraso en el crecimiento, la tasa más alta del continente. En contraste, México ocupa el lugar 31 de 123 países evaluados, con una puntuación de 6.0 que lo ubica en la categoría “baja”. Sin embargo, 13.1 % de los menores mexicanos sufre retraso en el crecimiento, lo que evidencia que incluso países con mejores indicadores enfrentan desafíos persistentes.
El GHI 2025 propone medidas urgentes para revertir la tendencia:
- Gobernanza inclusiva que incorpore justicia climática y de género.
- Apoyo a pequeños productores y fortalecimiento de medios de vida rurales.
- Financiamiento eficiente para maximizar recursos disponibles.
- Monitoreo y rendición de cuentas con sistemas locales de información.
- Acción climática anticipada para proteger a las poblaciones más vulnerables.
La advertencia es clara: sin cambios estructurales, el hambre seguirá siendo una amenaza para millones de personas durante más de un siglo. El informe subraya que la seguridad alimentaria no depende solo de la producción de alimentos, sino de la voluntad política, la paz y la resiliencia climática.

