El susurro, primera entrega
En Tamaulipas los discursos suenan a limpieza y transparencia, pero los pasillos cuentan otra cosa: contratos que huelen a prestanombres y oficinas convertidas en auténticos calabozos administrativo para los que no se suman al menu… y no precisamente de comida.
El MiniSat que buscan convertir en Theatron
Dicen que la Dirección de Auditoría Fiscal, mejor conocida como el “MiniSat”, está más caótica que fiesta sin anfitrión. Luis Enrique García Portales llegó con su séquito y convirtió la dependencia en un Almoloya administrativa: reglas absurdas, hostigamiento laboral y un clima de miedo que rebasa lo kafkiano.
Testimonios abundan: personal obligado a firmar actas por cualquier detalle, amenazas de involucrar a la Contraloría o incluso a la policía, y hasta prohibiciones ridículas como usar el celular personal. Eso sí, los amigos y familiares del director se pasean sin restricciones, como si fueran dueños del lugar pero de esos dueños de haciendas gringas que piensan que poseen a sus subordinados … literalmente.
El problema no es solo el maltrato: el rezago es tal que ya incumplieron metas con el Gobierno Federal, poniendo en riesgo la calificación crediticia de Tamaulipas. En otras palabras, mientras García Portales y sus muchachos se divierten en su coto de poder y en esas tertulias a las que llegan los que caen en sus presiones, las finanzas del estado se tambalean. Y si el gobernador Américo Villarreal no se ha enterado, pronto el escándalo le estallará en las manos.
No sueltan la Cabeza en Obras Públicas
Pues resulta que Aarón Juárez Ortiz no aterrizó en la Secretaría de Obras Públicas por casualidad. Aquí no hubo descuidos ni puertas abiertas de par en par: hubo padrinazgos, operadores internos y hasta familiares del secretario Pedro Cepeda moviendo las piezas. El joven ingeniero llegó con contratos bajo el brazo y con la bendición de quienes mandan en la estructura operativa.
Lo curioso es que mientras afuera se presume que se combate el cabecismo, adentro se siguen alimentando empresas que más de uno señala como prestanombres. Y no hablamos de contratos menores: se trata de obras que mueven millones, donde el beneficio alcanza tanto a la oficina como al entorno familiar del propio Cepeda.
El doble discurso es tan evidente que hasta incomoda: por un lado, se presume austeridad y transparencia; por el otro, se reparten contratos como si fueran favores familiares. Y claro, cuando el chisme es demasiado fuerte, puede agarrar a más de uno mal parado… o incluso mal sentado.
Así que ya lo saben: entre auditorías que parecen prisiones y contratos que se reparten como favores, el discurso de orden y transparencia se queda en pura saliva.
Porque en Tamaulipas, los mismos de siempre siguen cobrando… y los chismes, créanme, los agarran a todos susurrando, ‘amonos!

