El Susurro: las historias que se cuentan cuando apagan las luces

By Published On: febrero 4, 2026

El dueño que no firma


En Tamaulipas nada se pierde: solo cambia de manos. Las empresas que en tiempos de Xico González ya levantaban sospechas —las mismas que la ASF revisó en la Cuenta Pública 2023— reaparecieron cómodas en la Secretaría de Salud. Comercializadora HJA, que pasó de farmacia a minisúper y luego a “todóloga” capaz de surtir despensas y reparar equipo de precisión por 43 millones, llegó a Recursos Materiales como si nunca hubiera bajado del carrusel. Su representante legal cambió de nombre, no de apellido; su domicilio cambió de giro, no de tamaño.

Y en el mismo circuito operan CAME Soluciones y QUIMERA, empresas hermanas en dirección, dueño y pasado, todas con observaciones de la ASF por ofrecer servicios que antes no figuraban en su experiencia.

A simple vista parecen coincidencias; vistas desde lejos, rutas conocidas. Porque estas firmas no solo trabajaron con Xico, más bien dicen que era con la niña que todo movía en el tiempo en que el Cuernos de Toro los dejaba operar; también orbitaban alrededor de operadores del cabecismo.

En los pasillos se repite —sin que nadie lo escriba— que detrás de todas ellas se mueve una misma sombra, un apellido Salinas que se mezcla con un Manzur y que, dicen, rima con Felipe. Aparece en la alineación de contratos, en domicilios que se repiten y en representantes intercambiables; y, sobre todo, en el destino final de las transferencias una vez “ejecutado” el esquema.

Y el susurro no termina ahí. Se dice que ese entramado no solo no murió sino que mutó, ahora todo dirigido desde una oficina más amplia, más antigua y más acostumbrada a mover piezas sin dejar huella. Que el verdadero beneficiario ya no aparece, pero eso lo retomaremos más delante.

En Salud, el secretario Vicente Hernández abrió la puerta sin querer —o sin poder cerrarla— y los hilos del pasado entraron como si nunca se hubieran ido. Porque en Tamaulipas, cuando un proveedor cae en desgracia, no desaparece: se reacomoda. Y cuando un nombre deja de aparecer, suele ser porque ya no necesita aparecer.

El contador de las noches torcidas

Hay personajes que no necesitan cargo para seguir cobrando, ni oficina para seguir operando. Uno de ellos es cierto Edgar que muchos creían jubilado del presupuesto, aquel subsecretario del cabecismo que, según las malas lenguas, reapareció girando alrededor del muchacho confidente de la casona de la avenida Tamaulipas justo cuando buscaban a alguien que supiera mover números sin dejar huellas. Junto con el descendiente de aquel presidente de las cejotas —heredero de apellido largo y ambiciones cortas— el Team Betito no encontraba cómo hacer negocio sin que se les notara en la cara… y en las cuentas.

En ese escenario, cuentan que Edgar fue el elegido no solo por su experiencia en egresos, sino por su habilidad para acomodar piezas, borrar rastros y, sobre todo, llenar esos apetitos que solo se atienden en cuartos donde no entran cámaras ni preguntas. No se habla de preferencias, sino de afinidades nocturnas, de círculos cerrados donde la lealtad se mide en silencios y no en firmas. Y en esas mismas noches —sobre todo en las de luna torcida, cuando al muchacho se le desacomoda el eje— aparece también la viuda de San Pedro, esa figura que se mueve entre sombras según ellos, pero que todos reconocen por los susurros, integrada al pequeño club de confidencias y desvelos que rodea a Betito.

Pero el verdadero músculo de Edgar no está en las noches, sino en el día: en los contratos de Seguridad, donde el Team Betito llega con empresas amarradas y contratos listos, charoleando con la vieja confiable de “por órdenes del jefe”. Y aún así, hay quienes murmuran que deberían cuidarse, porque en una de esas les aplican la misma que ya le aplicaron al Team guindo rival… esa que empieza con auditorías y termina con silencios incómodos.

Por cierto, dicen que cuando llegó el nuevo secretario de Finanzas —pieza cercana y leal a la viuda de San Pedro— parecía que la influencia de Edgar se estancaba. Pero el relevo en Egresos, tras la salida triste y estruendosa de la Taza, terminó por reactivar viejos vínculos.

Y ahí, entre escritorios recién ocupados y carpetas que cambian de manos, volvió a escucharse el nombre de aquel contador que muchos daban por retirado.

No es una acusación: es un patrón, porque en Tamaulipas los contadores no desaparecen: se reciclan. Y los que saben demasiado nunca se van del todo. Y ahora, dicen, los susurros del Team Betito empiezan a hacer más ruido del tolerado; a ver si no se les viene un huracán encima… y terminan también bañando gatos.

 

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