El Susurro: Entre despensas de humo y la seguridad que vuela en séqueles

By Published On: abril 21, 2026

El banquete de las sombras y el arte de competir contra uno mismo

En estas tierras donde el viento trae el chisme antes que la verdad, se cuenta de una mesa servida para un millón y medio de comensales, pero los cubiertos los sostienen dos manos con el mismo cerebro. Dicen que en el teatro de las licitaciones tamaulipecas (la 57062002-008-2026), la competencia es tan feroz que ganador y perdedor desayunan en la misma casona riendo del mismo chiste. Se escucha que, para surtir estos paquetes alimentarios, el truco no es ofrecer el mejor frijol, sino tener más disfraces en el armario para simular múltiples postores cuando solo hay un bolsillo.

Cuentan que ese apellido Salinas, mezclado con un Manzur y que rima con Felipe, perfeccionó junto a su socio el arte de la ubicuidad corporativa. Para cumplir el requisito de pluralidad de ofertas, sacan de la chistera a dos supuestas rivales propias: GOSACA y NEROSTE. Pero a “Felipín” no le bastan dos máscaras; también “compite” contra DASVEL, otra joyita de su entramado. Cuando no fingen carreras, a esta empresa le llueven adjudicaciones directas. Nacida apenas en 2023, ya se embolsó más de 20 milloncitos limpiando hasta los baños de los mercados. Una coreografía tan pulcra que solo el papel no se entera, confirmando que este “carrusel” de piezas oxidadas opera impune desde los tiempos de Xico.

Sobre este festín de despensas ya pesan sombras en otroooos tratos millonarios y pleitos. En el de mayor escándalo este escalo tanto que el “mero mero” dio un manotazo en la mesa, recordando que la comida es del pueblo y no botín de guerra. Harto del jaloneo, mandó cerrar el conflicto entregando el contrato directo a la Federación para enfriar ánimos, aunque el pleito legal sigue su curso en tribunales como un fantasma que se niega a irse.

Pero un posible pleito no le preocupa al “Contador” de las coincidencias, algunos se imaginan muy buenas lianas tan buenas que ya alcanzan desde el IMSS hasta los CENDI de la Secretaría de Educación, donde incrustó a su propio padre. En Tamaulipas, cuando un proveedor cae en el círculo correcto, el diseño es perfecto: anulan la competencia, aseguran el control financiero y el beneficio llega hasta la familia de quienes deberían vigilar. Mientras los beneficiarios esperan, los dueños de las sombras celebran que aquí nada se pierde, solo cambia de manos. Veremos si el “humanismo” alcanza para armar expedientes o si, como siempre, los que saben demasiado no se van y el banquete continúa a media luz.

Y así como algunos hacen magia corporativa desapareciendo la competencia a ras de suelo, otros prefieren hacer trucos mirando a las nubes.

Alas de facturación papaloteando desde el cielo

En los pasillos de Seguridad Pública, el ruido de postes de videovigilancia cayendo al asfalto ya es música vieja. Ahora los chismosos miran al cielo: el negocio de las cámaras de poste es “light”; lo de hoy es ponerle alas a las facturas. Dicen que tras la pasmosa tranquilidad con la que la oficina principal observa esta ceguera institucional, opera una flotilla de drones que vuela muy alto. Pero no cazan delincuentes, cazan billetes, confirmando que en Tamaulipas el negocio de la vigilancia siempre aterriza en puerto seguro.

El Susurro cuenta que los dueños de este nuevo aire tienen acento de Medio Oriente: Grupo Kabat, comandado por Niv Yarimi. Este club llegado de “Tierra Santa” no es novato vendiendo espejitos digitales. Son los mismos que se hicieron tristemente célebres en México por vender aquel software para hackear opositores, terminando como burla internacional cuando su socio, el Hacking Team del sistema Galileo, fue hackeado y sus secretos esparcidos como confeti. Pero aquí la memoria es corta y el presupuesto largo, así que cambiaron el espionaje telefónico por el lucrativo zumbido de los drones.

Aquí la coreografía alcanza niveles internacionales, cortesía de quien mueve las fichas en el Secretariado Ejecutivo del Sistema Estatal de Seguridad Pública. Cuentan que a Willy Zúñiga Castillo le brillaron tanto los ojos con los juguetes voladores israelíes, que la relación proveedor-cliente mutó en una entrañable hermandad. El esquema es una maravilla de la aviación presupuestal: mientras los malos siguen desapareciendo tamaulipecos, los buenos facturan miles de horas de vuelo prometiendo tecnología de primer mundo, aunque los resultados de paz sigan siendo de cuarta.

Es tan profundo el cariño por esta alianza que en Seguridad ya se respira un aire medio místico. Dicen las malas lenguas que el buen Willy ya domina el hebreo fluido y que, por esos rumbos, la moneda de cambio ya no es el peso ni el dólar, sino los séqueles israelíes.

La próxima vez que pase por una carretera tamaulipeca y vea un poste derribado, no piense que el estado está ciego; mejor salude al cielo. Allá arriba, entre nubes e impunidad, vuelan los millones de una “inteligencia” diseñada para inflar cuentas extranjeras y engordar bolsillos locales. Una maquinita de hacer dinero donde los drones no pierden batería, los negocios no tocan el suelo y las reposiciones se cobran por adelantado.

Así, mientras la seguridad es un espejismo y el pueblo sufre por quienes no vuelven a casa, a los machuchones solo les preocupa una cosa: que su factura se pague puntual.

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