Cuba enfrenta su peor crisis por falta de recursos básicos
El gobierno de Díaz-Canel admite la paralización de la economía por el colapso energético; Washington descarta flexibilizar el embargo pese a las advertencias de un estallido social inminente.
La vida cotidiana en Cuba ha dejado de ser una lucha por la subsistencia para convertirse en una parálisis casi total. Este miércoles, millones de familias en la isla amanecieron nuevamente sin electricidad y con los mercados desabastecidos, en lo que observadores internacionales y residentes califican como el colapso logístico más grave desde el “Periodo Especial” de los años 90. La crisis ha escalado a un punto de no retorno: la falta de combustible no solo ha apagado las termoeléctricas, sino que ha detenido la distribución de la canasta básica normativa, dejando a la población sin acceso a alimentos esenciales.
El gobierno de Miguel Díaz-Canel ha tenido que recurrir a medidas de economía de guerra para intentar administrar la escasez. En una comparecencia televisiva inusual por su crudeza, funcionarios del Ministerio de Energía y Minas confirmaron que las reservas de diésel y fueloil están en niveles críticos, obligando a priorizar hospitales y servicios de seguridad sobre el consumo residencial. La narrativa oficial continúa culpando al recrudecimiento del bloqueo estadounidense, pero la paciencia ciudadana muestra signos de agotamiento evidentes, con reportes de cacerolazos esporádicos en barrios de La Habana y Santiago de Cuba que desafían el control policial.
Del otro lado del Estrecho de Florida, la respuesta de la administración de Donald Trump ha sido de silencio estratégico y presión calculada. A pesar de los llamados de organismos humanitarios y de la Iglesia Católica para abrir un corredor de ayuda de emergencia, el Departamento de Estado ha reiterado que no habrá alivio de las sanciones económicas mientras no existan pasos concretos hacia la democratización y la liberación de presos políticos. La Casa Blanca parece ver en esta crisis sistémica una oportunidad para acelerar el desgaste interno del régimen castrista, apostando a que la asfixia económica fuerce una transición, sin ofrecer por el momento la válvula de escape que La Habana busca desesperadamente.
La situación geopolítica complica aún más el panorama para la isla. Sin los envíos subsidiados de sus aliados tradicionales como Venezuela —cuyo gobierno ahora prioriza vender su petróleo a Estados Unidos tras los recientes acercamientos con Trump— y con Rusia enfocada en sus propios frentes bélicos, Cuba ha quedado virtualmente aislada. La ayuda puntual que llega desde México o China apenas logra mitigar la emergencia por unas horas, prolongando una agonía que, según expertos en seguridad regional, amenaza con derivar en una crisis migratoria masiva hacia las costas de Estados Unidos si el sistema colapsa definitivamente en los próximos días.

