Irán acusa a EU de preparar ofensiva secreta pese a diálogos
En medio de una creciente tensión que mantiene en vilo a Medio Oriente, el gobierno de Irán acusó este domingo a Estados Unidos de estar planeando “en secreto” una ofensiva terrestre, una acción que contrasta directamente con los esfuerzos diplomáticos que Washington promueve públicamente para poner fin a la guerra.
A más de un mes del estallido de este nuevo episodio del conflicto, la escalada de violencia no muestra signos de apaciguamiento. Las autoridades iraníes señalan que existe un doble discurso por parte del gobierno estadounidense al preparar una incursión militar a gran escala mientras se mantienen las negociaciones de paz. Esta incertidumbre ha permeado profundamente en la población civil de la región, que enfrenta el día a día con el temor de un futuro incierto y el desgaste de un conflicto que, en las calles, pocos desean.
El panorama geopolítico se complica aún más con la postura táctica de los rebeldes hutíes de Yemen, aliados de Teherán. Sumado al bloqueo que mantiene Irán en el estratégico estrecho de Ormuz, la amenaza de obstaculizar la circulación en el estrecho de Bab el Mandeb pone en riesgo inminente el flujo comercial global y el transporte de petróleo, encendiendo las alarmas de la comunidad internacional.
En el plano operativo, las hostilidades han comenzado a golpear infraestructuras industriales clave. Los Guardianes de la Revolución iraní justificaron recientes acciones contra plantas estratégicas en Bahréin y Emiratos Árabes Unidos al asegurar que estas abastecen de insumos a la industria militar estadounidense. Simultáneamente, Israel ha reportado impactos de restos de misiles en el parque industrial de Neot Hovav, además de una constante alerta por el lanzamiento de proyectiles y drones que también ha afectado a otros países vecinos como Kuwait.
Ante este volátil escenario, los esfuerzos diplomáticos regionales intentan abrirse paso. Este domingo, los cancilleres de Turquía, Pakistán, Egipto y Arabia Saudita se reunieron en la capital pakistaní, Islamabad, para buscar una salida negociada. Sin embargo, las graves acusaciones de una inminente intervención terrestre ensombrecen cualquier intento de mediación, dejando a la región al borde de una confrontación de proporciones aún mayores.

