De Victoria a Culiacán y Polanco: manual para caer parado… siempre
El Ahijado que se volvió Sucesor
Ahora que reventó el tema del llamado Rey del Huachicol en la Ciudad de México, muchos se preguntan lo mismo: ¿cómo llegó aquel personaje a codearse con el “adorador de mininos”? Porque, seamos sinceros, sus gustos no combinan ni por accidente. Uno presume devorar prosa latinoamericana y el otro jura que lo único que leía eran estados de cuenta. Y aunque uno enamoraba a políticos con verbenas de banda con todo y Julión, y el otro es más de salsa y rock sesentero, los chismosos —esos que no se cansan de hablar bajito hasta que los ruidos se vuelven susurros— dicen que la historia no empezó en Polanco.
Cuentan que antes de que el Rey del Huachicol se notara en la high de la CDMX por sus fiestas en su depa, como si fuera accionista del gobierno, mucho antes de que se volviera cercano al hombre encargado de cuidar la narrativa presidencial, hubo una “inversión” que le redituó con creces. No en efectivo, claro, sino en accesos, amistades y puertas que se abren solas, casi al mismo nivel que esas historias donde alguien presume que “compró medio gabinete” sin recibo.
Porque su relación —dicen los que saben— no fue obra de la casualidad, y menos en un país donde las casualidades siempre vienen escoltadas.
En Tamaulipas, donde el viento nunca llega solo, el Susurro apunta a un personaje conocido como BETITO. Dicen los que saben, o al menos los chismosos, que quien abrió la puerta, quien presentó, quien tejió el puente fue el muchachito conocido por ser el único que le planta cara a la descendencia, sí, el mismo que cuando llegó por primera vez al Fraccionamiento Las Palmas creyó que le pedirían visa. Cuentan que incluso existen —según murmuran los que hablan bajito— registros que interesan mucho al norte, donde Betito pidió “apoyo” para “traer para los gastos”, para moverse a cierto estado del Pacífico donde los favores se pagan por adelantado y los financiamientos se ejercen sin papel.
Lo más curioso son ciertos números, pues cuentan que los del norte están muy interesados en secuencias que aparecen una y otra vez en esos ecos: 5568785591, 6174593620 y 6673876257. Nadie sabe si son claves, rutas, placas, coordenadas… o números del Melate que alguien jugó demasiadas veces. Pero ahí están, repitiéndose como si quisieran decir algo.
Y para rematar, los chismosos aseguran que los gringos tienen fotos y videos del tal Betito llegando al sillón, recogiendo “papelitos” que terminaron devueltos en muchos favores más, contactos, guiños y accesos, y que es tanto el miedo de Betito que dejó para otros momentos sus visitas al país del norte, tal cual lo hizo la totalidad de la nomenclatura Morena de Tamaulipas.
Hoy los únicos viajes que hace el Betito cuando está libre es para ir a esas fiestas en los bares herederos de El Nueve, el Taller o el Vaquero, a la espera de que regresen los tiempos mientras se atrincheran en finanzas con las cenizas del clan del huachicol.
El Contador de las Coincidencias
Por el lado de Victoria hay un personaje que no necesita cargo, fuero ni reflector para mover contratos como si fueran fichas de dominó. Le llaman el Contador, no porque tenga estudios raros o diplomas colgados, sino porque tiene un talento que pocos dominan: hacer que cualquier trámite parezca suficiente.
Y lo más impresionante no es lo que hace ahora, sino que ya lo hacía antes. En tiempos del gobierno pasado se colgaba de unas ramas, y ahora, con la 4T encontró nuevas lianas. Un verdadero acróbata del presupuesto: siempre cae parado, aún y con investigación en la Fiscalía alguna protección lo ha bendecido.
Mientras otros necesitan licitaciones, concursos o al menos un acta bien redactada, él solo requiere una pluma y un escritorio prestado. Y con eso, cuentan, ha logrado que más de un contrato termine en manos muy cercanas. Pero eso sí, todo siempre muy legalito, muy ordenado, muy “casual”.
Los chismosos —esos que nunca duermen— dicen que el Contador empezó como un simple facturador de ocasión, de esos que saben mover papeles sin hacer ruido. Pero con el tiempo, su habilidad se volvió tan apreciada que terminó sirviendo a todos: al gobierno pasado, al gobierno presente.
Un verdadero todoterreno administrativo, al que los conflictos de interés le hacían los mandados.
Lo curioso es que, según los que hablan bajito, el Contador no solo sabe facturar: sabe aparecer.
Y con su caballo de batalla GOSACA aparece en SET, con todo y papá en la estructura porque eso de conflicto de intereses detiene solo a los miedosos, así como también en el DIF, y en dependencias donde nadie lo ubica aparece sin que alguien lo haya visto entrar. Para todo está GOSACA y si hay que guardar formas pues saca una de la galerísticas aunque todas “misteriosamente” terminan en domicilios conocidos, similares, parecidos…iguales, como si la ciudad fuera un pequeño club de las coincidencias.
Hasta ahí, todo normal para los estándares de Victoria. Pero donde el tema ya está por tronar, dicen, es en la Universidad de Seguridad y Justicia.
Porque el alumnado —que aguanta instructores de voz marcial, entrenamientos bajo el sol y simulacros que parecen castigo— lo que ya no soporta es la comida. Esa comida que, según los susurros, proviene de una de las empresas del Contador. Platillos que llegan fríos, raciones que parecen dieta involuntaria, menús que nadie reconoce y un sabor que, dicen los cadetes, “ni a los presos deberían servir”.
Los instructores ya levantaron ceja. Los alumnos ya levantaron voz. Y los chismosos aseguran que pronto alguien tendrá que levantar un expediente… aunque nadie quiere ser el primero en firmarlo, y mucho menos el chilango cachondon que firma como rector.
Y mientras en la Ciudad de México se preguntan cómo un vocero terminó tan cerca de un rey que no aparece en los libros de historia, y en Victoria siguen cayendo contratos en manos del Contador como si la ciudad fuera un club privado de coincidencias, en Tamaulipas la gente solo sonríe y dice, con esa mezcla de burla y resignación que aquí se domina mejor que en ningún lado: “Aquí los vientos siempre traen el chisme antes que la verdad… y la coincidencia es que todavía haya quien se sorprenda.”

