El Susurro: Entre moches y enamorados la guillotina toma fuerza.
El call center del moche
Por los pasillos del gobierno estatal, el ingenio para cobrar millones sin despeinarse parece no tener límites. En la Secretaría de Administración andan sudando frío por la lumbre que ellos mismos encendieron. El Gobierno salió muy preocupado a advertir a proveedores que no cayeran con supuestos extorsionadores que, fingiendo ser de la Dirección de Compras, piden dinero para “agilizar” pagos atorados. La versión oficial, con cara de inocencia, jura que los malosos sacaron la información del padrón público del Estado.
Pero el chisme se pone sabroso porque la excusa hace agua. Dicen los que le saben a la transparencia que basta asomarse a ese famoso padrón para toparse con un detallito: ahí no aparecen ni teléfonos ni correos personales. La pregunta en los cafés es obvia: ¿de qué chistera sacaron los números directos? Y peor, ¿cómo saben exactamente qué proveedor tiene facturas pendientes y en qué etapa van? Esa precisión quirúrgica no se googlea; esa carnita solo vive en las bases de datos internas, bien guardaditas en los escritorios que programan pagos.
Lo que tiene a varios levantando la ceja es su notable alergia a las denuncias. Si saben que alguien charolea con el nombre de sus directores para extorsionar, lo lógico (y su obligación legal) sería estar plantados en la Fiscalía exigiendo investigar. Pero no. La reacción oficial se limita a comunicados de “no te dejes engañar” y cero carpetas de investigación. Ningún funcionario ha ido a firmar un acta para rastrear esas llamadas misteriosas.
Los susurrantes aseguran que cuando las explicaciones son tan torpes, la verdad es incómoda. O les filtraron la base de datos, o las llamadas salen desde adentro. Porque en esta tierra de vientos turbios, cuando el “extorsionador” te llama saludando por tu nombre, recitando al centavo tu factura y conociendo el cajón exacto donde duerme tu pago, rara vez es un aparecido adivinando números… casi siempre es la misma mano que detiene el cheque la que te cobra el peaje por soltarlo. Al final, el “call center” del moche no necesita robar bases de datos; le basta con despachar desde una oficina con aire acondicionado y gafete oficial… claro, mientras les dure la suerte y no les pasen la barredora que ya anda suelta cobrando facturas en otros lados.
Se acabó el casting del “enamorado”
Y es que, si de nóminas ordeñadas y caídas estrepitosas hablamos, los vientos de Palacio acaban de pegar con fuerza en la Universidad Autónoma de Tamaulipas. Cuentan los que caminan por el 8, que a Paco Cuéllar lo venían asando a fuego lento desde hace meses. Su suerte quedó echada el día que “la princesa” tomó el control absoluto de la imagen estatal, pasándole la escoba sin piedad a todo su crew hasta obligarlo a estampar su firma en una renuncia que de voluntaria no tenía nada.
Y claro, cuando el árbol cae, las ramas se rompen. Así rodó la cabeza de su ahijado Manuel Aguilar, quien despachaba como director de Comunicación Social en la UAT. Los susurros universitarios juran que “el enamorado” Manuelito confundió la nómina universitaria con una app de citas. Las malas lenguas, y los testimonios de pasillo, aseguran que convirtió su dependencia en un auténtico harem, condicionando contratos a jóvenes que, mañosamente, acomodaba en la nómina de la Dirección de Patrimonio pero que solo pasaban por su “filtro personal”. En esa oficina, dicen, lo que de verdad importaba era la complacencia del jefe.
Pero el amor no era su única inversión. Mientras los enterados afirman que a la UAT le estaban aplicando un saqueo de antología, el buen Manuel andaba muy entretenido levantando una nada discreta plaza comercial allá por la calle Michoacán, cerquita de la Benavides, para los que se quieran ubicar. Una placitita de unos 25 localitos que, según los malpensados, se está cimentando con puro ladrillo universitario. Fue tanta la desfachatez que, aprovechando la sacudida estatal, el que segun manda en el campus —sí, el primo, pero en cuarto grado ¡eh!, nomás para que la ley no me lo ande descartando de sus sueños guajiros de aparecer en la boleta del 28— no lo pensó dos veces y aprovechó el viaje para darle una merecida patada al enamorado constructor. Al final, el exdirector se quedó sin nómina, sin su club privado, y si los auditores despiertan, a ver si no se queda también sin locales para rentar…

