EE.UU. imputa a Maduro y Cilia Flores por tortura
Washington, D.C.— La justicia estadounidense cerró aún más el cerco contra la cúpula del régimen venezolano, luego de que autoridades federales presentaran nuevos cargos formales por presunta tortura y crímenes de lesa humanidad en contra del dictador Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores.
Las acusaciones detallan un patrón sistemático de abusos, encarcelamientos injustificados y tratos crueles perpetrados desde las entrañas del Estado para aplastar a la disidencia política y aferrarse al poder.
Este nuevo expediente judicial se suma a las recompensas millonarias y acusaciones previas por narcoterrorismo y lavado de dinero que ya pesan sobre la pareja presidencial.
Para la justicia norteamericana, Maduro y Flores operan como los principales arquitectos de una maquinaria represiva que ha secuestrado las instituciones de Venezuela, utilizando los aparatos de inteligencia militar para ejecutar actos de barbarie que han sido ampliamente documentados por organismos internacionales de derechos humanos.
El peso de la dictadura y el silencio cómplice
Mientras los tribunales en Estados Unidos avanzan en la judicialización de estos crímenes, el caso pone en evidencia la vergonzosa postura de diversos gobiernos de izquierda en la región —incluido el bloque oficialista en México— que, escudados en la falsa doctrina de la “no intervención”, continúan solapando, financiando y legitimando a un régimen manchado de sangre.
La impunidad con la que opera la dictadura chavista encuentra un oxígeno invaluable en el silencio cómplice de sus aliados ideológicos, quienes prefieren tender alfombras rojas a tiranos en lugar de condenar las atrocidades institucionales que obligan a millones de venezolanos al exilio.
Con estos nuevos cargos, Washington deja claro que no habrá inmunidad diplomática que alcance para encubrir la tortura sistemática.

